
Ella caminaba por la fría calzada en una noche de bella Luna Llena, acompañada solamente de la luminosidad que dispersaba el enorme astro, su pálido rostro a la par con la blancura de la luna hacían de aquella doncella un ser mágico, sus ropas constaban de un elegante vestido plateado que refulgía con la luminosidad de la noche, definitivamente no podía ser alguien común y corriente, su pelo oscuro como la noche ondulaba con la suave y fría brisa en una unión infinita, sus dientes blancos como la cal provocaban en su rostro una belleza inhumana. Sin rumbo fijo comenzó a avanzar hacia una colina cubierta por la impasible nieve que la llamaba de forma atrayente, ella respondió al llamado con fina y majestuosa reverencia, avanzo hasta quedar situada en la cima de la colina, y allí se arrodillo ante la nieve, para poder observar por ultima vez esa preciosa luna que tanto se le parecía, se desplomo en la nieve y con una última sonrisa se acopló a ella.

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